Medio de comunicación: Blog diario La Segunda.
Fecha de publicación: 2 de julio de 2008
Link:
http://blogs.lasegunda.com/redaccion/2008/07/02/un-panorama-desolador.asp


Jaime Orpis:

Un panorama desolador


El panorama en materia de drogas es cada vez más desolador. Hace tiempo que Chile dejó de ser un país de tránsito y hemos pasado a ser consumidores. El microtráfico ha destruido el tejido social en las poblaciones más modestas: familias humildes han encontrado en él una forma de obtener ingresos, jóvenes adictos financian su consumo traficando o delinquiendo, y las bandas se distribuyen territorios donde imponen el terror y la violencia. Si bien no todos los consumidores cometen delitos, está demostrado que un alto porcentaje de los ilícitos de mayor connotación social lo cometen personas bajo los efectos de la droga.

La gran pregunta es cómo abordar el tema de la droga vinculado a la seguridad ciudadana.

El camino fácil es continuar endureciendo las penas y encarcelando.

El otro camino, el verdadero, es la rehabilitación. La clave para abordar esta realidad son los tratamientos intensivos. Sin embargo, la cobertura de este tipo de programas no llega a mil cupos. Se estima que existen trescientos mil consumidores problemáticos. De éstos, cuarenta mil tomaron la decisión de rehabilitarse. Sin embargo, no existe cobertura para atender a más de quince mil.

En la ley de responsabilidad penal juvenil se incorpora una pena accesoria que consiste en la rehabilitación; ha resultado un desastre. El régimen cerrado está a cargo de Sename. Los centros se encuentran colapsados, con programas muy deficientes. La otra alternativa es el sistema abierto. Conace licitó esta opción a instituciones especializadas, entre las cuales está la Corporación La Esperanza. Nuestra experiencia ha sido frustrante. Si es difícil rehabilitar a una persona que decide hacerlo voluntariamente, doblemente difícil es rehabilitar a alguien que ha cometido un delito y que generalmente no tiene la voluntad de recuperarse.

En este tipo de población los tratamientos deberían ser mucho más exigentes. Sin embargo, ha ocurrido todo lo contrario. Los tribunales son reacios en aplicar la pena accesoria. Frente a un adolescente que ha cometido un robo y es adicto, lo condenan por el delito, pero evitan aplicarle la pena accesoria de rehabilitación bajo el criterio que se les estaría condenando dos veces.

En este vínculo droga-seguridad ciudadana se produce un círculo vicioso. La gente requiere seguridad y, como la rehabilitación no está teniendo efecto, demanda un aumento en las penas y más cárceles, con lo cual sólo atacamos el efecto, pero no la causa del problema.




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