Reportajes  
Domingo 30 de julio de 2006

Julio Figueroa, sicólogo de Corporación La Esperanza:
"La abstinencia debe ser desde el día uno"

Mariela Herrera Muzio

Que la persona que intenta dejar algún tipo de adicción no consuma drogas ni alcohol durante su proceso de rehabilitación es fundamental para los profesionales que trabajan en la Corporación La Esperanza, entidad creada el año 95 por el senador Jaime Orpis. Esto refuta las técnicas que defienden conductas más "permisivas" en el tema.


MARIELA HERRERA MUZIO

Actualmente son 209 mil las personas en Chile que presentan algún tipo de adicción. De ellas, 40 mil toman la decisión de rehabilitarse. La capacidad en el país para tratamientos, en el mundo público y el privado, no alcanza para más de 13 mil personas.

Dentro de las entidades privadas está la Corporación La Esperanza, del senador Jaime Orpis.

El director de la sede oriente, el sicólogo clínico Julio Figueroa, explica la visión que tienen en los centros para enfrentar el tema de la rehabilitación.

-¿Es aconsejable que cuando una familia percibe que un hijo tiene alguna adicción se le interne inmediatamente?

-El primer paso es hacer un buen diagnóstico, sacar una foto de lo que está pasando para ver la magnitud del problema y ahí uno puede tomar una decisión. En algunos casos, la internación es una alternativa válida. Hay casos en que la gente llega intoxicada y que es necesario un tratamiento médico. En otros sirve un programa ambulatorio.

-¿Cuál es la diferencia entre ambos programas?

-Al menos en nuestros cuatro centros trabajamos de un modo ambulatorio, ya sea intensivo (los siete días de la semana, donde la persona pernocta en su casa y pasa instancias con su familia, no hay una asilamiento total), y los no intensivos, donde vienen tres veces a la semana y continúan con sus actividades académicas o profesionales, según sea el caso.

-Hay quienes dicen que la abstinencia de drogas no es 100% necesaria en un primer momento. ¿Cuánto importa en un tratamiento?

-Para nosotros, siempre el objetivo final es la abstinencia. Si en ciertos casos hay personas que no pueden lograr una abstinencia estamos frente a un cuadro de mayor envergadura. En ese sentido, es necesario introducirla a un sistema de intervención un poco más riguroso.

-¿Qué pasa con terapias que se hacen bajando el nivel de consumo sin necesariamente una abstinencia inmediata?

-Nosotros nos cuestionamos de qué modo podemos hacer un trabajo efectivo con una persona en un estado alterado de conciencia. Para ofrecer un servicio de calidad y beneficioso para la persona, necesitamos lograr un estado de lucidez.

-Además -agrega-, el modelo de reducción de daños (reducir el consumo y no promover la abstinencia total) proviene de Europa, en países como Holanda, que están con drogas mucho más complejas. Allá tratan que los consumidores de heroína no se infecten de sida, o intentan darles una droga menos tóxica que la que estén consumiendo, pero ése es el contexto europeo, no el chileno.

-¿Y debe ser desde el día uno?

-La abstinencia debe ser desde el día uno. Siempre les decimos: "Para este tratamiento es necesario que te mantengas abstinente de alcohol y drogas". Ahora, si la persona no lo logra, generamos herramientas para eso.

-¿No sería más amigable para quien quiere rehabilitarse que baje de a poco su consumo de alcohol o drogas?

-Es que el éxito terapéutico es que la persona logre un funcionamiento a largo plazo. Se puede tener a una persona en terapia que no deja de consumir, pero eso no es éxito terapéutico, puede estar drogándose en menor cantidad, pero se sigue drogando. Nosotros trabajamos también con gente que está inmersa en el mundo laboral y te das cuenta de que ahí es necesaria la abstinencia total. Por ejemplo, si maneja una grúa horquilla y anda con una resaca de marihuana o de alcohol puede constituir riesgo para la vida de terceros.

JAIME ORPIS, PRESIDENTE CORPORACIÓN LA ESPERANZA

"Nuestro desafío es atender niños"

El año 95, Jaime Orpis recorrió cerca de 40 centros de rehabilitación en Estados Unidos para ver qué método era el más adecuado para implementar en Chile en el tema de la rehabilitación de adicciones. Allí captó que no sólo bastaba una terapia sicólogica, sino que debía estar acompañada por una laboral y así fue como las aplicó en su Corporación La Esperanza.

La entidad, sin fines de lucro y enfocada principalmente hacia gente de escasos recursos, hoy cuenta con un centro para hombres (San Joaquín), otro para mujeres (Huechuraba), además del de Iquique, exclusivo para jóvenes, y el ubicado en la comuna de Las Condes, donde reciben principalmente profesionales que son derivados desde sus lugares de trabajo para que superen sus adicciones.

"Estamos intentando tener una cobertura completa y especializada por sexo, edad y nivel de adicción", señala el senador por la Primera Región.

Y comenta su desafío más próximo: "Queremos atender niños. Los últimos estudios muestran que el consumo de cocaína y de pasta base ha aumentado en niños de 8º Básico".

De ahí que esperen tener para el próximo año un centro de rehabilitación orientado a ese segmento de la población.