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Domingo 30 de abril de 2006
Chile es pionero en Latinoamérica: Carmen Rodríguez, Amalia Torres En la Comunidad Terapéutica San Bernardo, de la organización Dianova, conviven 15 mujeres. Allí se ha habilitado el espacio para que algunas de ellas convivan con sus hijos pequeños.
-------------------------------------------------------------------------------- CARMEN RODRÍGUEZ y AMALIA TORRES Francisca tenía 17 años cuando partió en el consumo de cocaína. De lunes a domingo, jalaba varias veces al día con su pololo y recién un año después de comenzar su adicción, cuando una asistente social amenazó con quitarle a su hija de dos meses, se propuso cambiar. El compromiso lo tomaron como pareja, pero a poco andar sólo ella siguió con un tratamiento. "Él decía que yo no podía jalar. Que sólo así íbamos a estar bien como pareja y que, además, tenía que preocuparme de la niña... Pero él sí podía hacerlo. Y aunque decía que me iba a ayudar, nunca lo hizo. Incluso jalaba al frente mío cuando yo me esforzaba por dejarlo". Hace poco más de un mes que Francisca asiste al programa de rehabilitación "Madre Teresa de Calcuta" de la Corporación La Esperanza, uno de los pocos en el país que tiene un tratamiento de género para tratar las adicciones. Con ella, 8 mujeres acuden a esta comunidad terapéutica, aunque el cupo es para 30. "Esperábamos que nos fuera mejor. Abrimos este centro hace nueve meses porque vimos que había una gran demanda. Los mismos hombres de nuestra sede de Departamental nos decían que tenían parejas, madres, incluso hijas con problemas. Pero la verdad es que ha costado que lleguen. Todavía preguntan con mucha timidez porque saben que al entrar acá todo el barrio va a saber que tienen problemas de drogas", explica Andrea Piccinini, directora del Centro. Puertas adentro Mientras los hombres consumen en grupos y en situaciones sociales, las mujeres lo hacen solas y a escondidas. Estela (28) fue adicta durante años sin que su familia lo supiera. "Entraba a cualquier local, me compraba un agua mineral y pasaba al baño a ponerme un toque (de cocaína). Podía trabajar, funcionar como mamá, hacer todo porque mi cuerpo ya estaba acostumbrado. El problema fue que me empecé a gastar toda la plata en droga". Y por eso la descubrieron, relata. "Una tía me pidió la libreta de ahorro para la casa y se dio cuenta de que me quedaban sólo $2.000". En los estratos altos, el mayor consumo femenino se da con fármacos sedantes o ansiolíticos, como las benzodiazepinas. Entonces, "la adicción se nota aún menos porque ellas están tomando algo que las tranquiliza", explica Jaime Fuenzalida, sicólogo de la Clínica Santa Sofía. Por eso, puede pasar mucho tiempo hasta que alguien lo perciba. "Muchas veces el marido se da cuenta cuando la encuentra intoxicada, inconsciente". Otras veces, el hombre toma conciencia de la adicción de su mujer porque le "revienta" la tarjeta de crédito. Sólo entonces percibe que algo anda mal, lo que revela el abandono afectivo en que se encuentran muchas de estas consumidoras solitarias. A esto se agrega el estigma de ser drogadicta. "No es fácil asumirlo cuando uno es madre -dice Estela-. Sientes todo el rechazo de la sociedad. Y es que las mujeres tenemos más responsabilidades humanas que los hombres. Si tú te vas a la cresta, eres una mala madre, una irresponsable". Consulta tardía Marcela Lara, sicóloga y coordinadora del programa de rehabilitación de mujeres en Conace, reconoce que las mujeres suelen demorarse más en consultar que los hombres, por causa de este estigma social y, también, por no tener con quién dejar a sus hijos. Incluso es común que si una mujer entra a una comunidad terapéutica para rehabilitarse, su familia no lo reconozca abiertamente. "Dicen que estás de viaje o que estás internada por una depresión", cuenta Estela. Este mismo estigma social lleva a que ellas estén más solas durante sus tratamientos. Jaime Fuenzalida lo grafica: "En reuniones con las familias, el marido de la paciente llega tarde o no llega. Las esposas del paciente hombre, en cambio, están aquí media hora antes". También es común que ellas inicien su proceso terapéutico sin pareja, ya que a la mayoría de las adictas sus maridos las han dejado. Por eso, en los programas con enfoque de género es básico lograr que ellas se sientan autovalentes y queridas. La primera vez que Consuelo (30) estuvo en un tratamiento asistió a uno mixto, pero duró tres meses. "Era incómodo porque eran casi puros hombres y te miraban feo cuando uno contaba algo. Como que no era tan terrible que ellos hicieran cosas, como robar, incluso prostituirse por conseguir plata; pero si lo decía una mujer, te miraban distinto. Por eso, después ya no hablaba en las sesiones grupales y esperaba hasta la terapia individual para hacerlo. En cambio cuando hay puras mujeres te entienden más. Ellas han pasado por lo mismo que tú". Toque femenino En varias salas del Centro "Madre Teresa de Calcuta" hay espejos de cuerpo entero. "Es más fácil que vean el cambio externo. Llegan acá con la piel color aceituna, el pelo opaco y muy bajas de peso. Y a medida que empiezan el tratamiento, recuperan el color y se ocupan de su imagen", cuenta la directora Andrea Piccinini. Además, es importante que el lugar sea acogedor. "Para las mujeres, los espacios son una extensión del yo. Y si se trata de un programa mixto, es importante que tenga lugares para que estén solas y cómodas", dice la sicóloga Marcela Lara. Motivo y razón ¿Qué lleva a una mujer a caer en una adicción? Suelen ser motivos distintos a los masculinos. Mientras ellos intentan envalentonarse en el grupo de amigos, ellas ahogan en drogas y/o alcohol la soledad, el vacío afectivo y, muchas veces, el maltrato de sus parejas. El psiquiatra Gustavo Quijada, de la Clínica Santa Sofía, explica que tras el consumo compulsivo de muchas mujeres hay trastornos ansiosos o del ánimo (depresión, por ejemplo) no diagnosticados. AUMENTO SE HA DUPLICADO el consumo de drogas en mujeres: 5% admitió consumir cocaína en 2004, contra 2,5% en 1994. La marihuana pasó de 1,5% a 2,9%. Los hijos son un factor clave Mujeres buscan ayuda para estar en condiciones de cumplir su rol materno. "Es muy difícil para una mamá entrar a tratamiento. Tienes que aislarte, no estar con ellos, y eso es muy duro", dice Estela, quien entró a una comunidad terapéutica en diciembre, dejando a sus pequeños hijos con familiares. Pero fue precisamente el miedo a perderlos lo que la hizo reaccionar y, por primera vez en casi 10 años, se decidió a pedir ayuda para tratar su adicción a las drogas. Los hijos pequeños y la necesidad de cuidarlos son una de las grandes razones por las que las mujeres van menos a tratamiento que los hombres. Por eso, en el enfoque de género para tratar las adicciones se plantea habilitar las comunidades terapéuticas para que las usuarias puedan estar internas con sus niños más chicos. En la comunidad terapéutica San Bernardo, de la organización Dianova, hay 5 niños -menores de 5 años- que conviven con las 15 mujeres en tratamiento. "Ellos son una gran motivación para que ellas terminen su proceso y logren un cambio de vida", explica la sicóloga Francisca Alburquenque. "La sola presencia física de los niños instala el tema y las que no están con ellos empiezan a sensibilizarse y a pedir más visitas para poder verlos", agrega. Las cifras muestran que uno de los grandes motores para la adherencia al tratamiento es la necesidad femenina de estar en condiciones para cumplir su rol materno. "Al principio, uno entra a tratarse por los hijos. Pero en el camino se va dando cuenta de que tiene que hacerlo por una misma", asegura Estela. |
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